PALABRAS DE EXHORTACIÓN

 

Unas palabras de exhortación

Texto: “Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación.” (Hebreos 13:22)

Mi nombre es Oscar Ramón Gil Leal y vivo en la República de Cuba, en la ciudad de Ciego de Ávila. Nuestro correo electrónico es: karol0708@gmail.com.

El viernes 4 de septiembre de 2010 escuché por Radio Trans Mundial, pasadas las 9 de la noche, un programa cuyo título me llenó de expectativas. Trataba sobre las fobias y cómo vencerlas. Uno de sus acertados consejos fue enfrentarlas. El orador  habló de una persona muy conocida, de un alto ejecutivo del cual no iba a dar el nombre, quien padecía de fobia a subir a un avión lo cual le causaba graves trastornos en su vida de hombre público. Este alto ejecutivo recibió atención a su problema y es posible que lo haya resuelto. Así lo deseamos.

Padezco algunas fobias desde que tengo veinte años y ya cuento con cincuenta y siete. Escribí interesado a la dirección del programa: integracionfamiliar@transmundial.org. Conté a grandes rasgos mis problemas, los graves trastornos que me habían ocasionado y traté de iniciar el primer contacto. Ellos habían instado a escribir para solicitar ayuda. Al día siguiente me contestaron muy cortésmente. No sé quién, no había una identificación de la persona que me escribía. Más o menos me dijo así: “Su problema es muy viejo, le sugerimos que vea a un psiquiatra o a un psicólogo. Gracias por contactar a Radio Trans Mundial.” Les di acuse de recibo y las gracias. Después pensé, ¿por qué ofrecen dar lo que no tienen? Pero, mirando retrospectivamente, creo que es la mejor carta que he recibido en mucho tiempo. 

Comprendí que, si bien un cristiano puede ser ayudado por otros, su esperanza absoluta y su confianza ciega deben centrarse en Dios. Aunque Dios tiene sus representantes en la tierra que están obligados a ofrecer un trabajo de excelencia. El Apóstol Pablo le dice a Timoteo (2 Ti. 3:16-22), “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas (…) el Señor me librará de toda obra mala (…) a Trófimo dejé enfermo en Mileto (…) procura venir.”

El anciano Pablo (Flm. 9), prisionero de Jesucristo, cuando alguien enfermaba decía: “¿Quién enferma y yo no me enfermo, a quién se le hace tropezar y yo no me indigno?” (2 Co. 11:29). Él, que padecía una enfermedad del cuerpo (Gá. 4:13); él, que tenía un hijo espiritual que enfermaba frecuentemente (1 Ti. 5:23); él, que sufrió angustiosamente cuando pensó que Epafrodito podía morir (Fil. 2:27); nunca habría negado un consejo ni remitido a nadie a otro lugar que no fuera a Cristo. Él, como aquel levita con su concubina y su criado, hubiera preferido pasar la noche en la plaza de Gabaa de Benjamín que pernoctar con los Jebuseos (Jue. 19:11-13).

Cuando los hermanos de INTEGRACIÓN FAMILIAR me dieron la sugerencia de ir a un psiquiatra o a un psicólogo (asunto que no desestimo en absoluto ni menosprecio; ¡gracias a Dios por la ciencia multiplicada! Además, el sistema nervioso enferma igual que cualquier otro sistema del cuerpo), pensé que me propuse ver primero a los ancianos de la iglesia (Stg. 5:4), que quise buscar primero a Dios antes que a los médicos (2 Cr. 16:12), que habiendo visto a los médicos no me había ido mejor (Lc. 8:43), que ya había transcurrido mucho tiempo desde el inicio de mis males (Jn. 5:5). Después de razonar, me quedé perplejo y llegué a la siguiente conclusión hoy martes 7 de septiembre: Que quienquiera que haya sido quien me contestó, era una nube sin agua (Jud. 12), una cisterna rota. Podía dar solo un poco de sombra. Nada más.

Toda mi vida cristiana la he metrado por esta pauta bíblica (y lo seguiré haciendo hasta que venga el Rey): “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Fil. 2.3). Esta réplica no es más que unas palabras de exhortación para aquellos que dominan los espacios y los púlpitos, y los que así me trataron forman parte de este grupo. Y si esta revista me da espacio para expresarme, es precisamente porque es una publicación que busca perfeccionar a los santos para su trabajo en el ministerio (Ef. 4:12). El propósito no ha sido nunca ni será DENUNCIAR sino ENSEÑAR y, en mi caso, tal vez a la altura de una muda bestia de carga (2 P. 2:16).

Llamo la atención sobre el siguiente pasaje bíblico: “DADLES VOSOTROS DE COMER”. En Mateo 14:1-21 encontramos el siguiente resumen: Había muerto decapitado el mayor profeta de Dios, Juan el Sumergidor. El criminal rey Herodes, por intereses personales, lo había mandado a ejecutar. Multitudes que seguían a Juan, muerto su líder y maestro, se unieron a Jesús. Era una congregación triste y hambrienta de pan de “cáscara y miga”. Jesús tuvo compasión de ellos e hizo sanidades en los enfermos “que necesitaban ser sanados”. Cuando anochecía los Apóstoles dijeron a Jesús: “Despide a la gente para que vayan por las aldeas y compren de comer”. Jesús les dijo: “No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer”. En un pasaje análogo (Jn. 6:5) Felipe, ante una gran multitud también necesitada, dijo a Jesús: “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomara un poco de alimento”. De estos dos relatos sacamos las siguientes verdades que Cristo nos enseño sobre cómo tratar a nuestro prójimo cuando está en crisis:

1- Dadles vosotros de comer.

2- Haced recostar a la gente. Hacer que esperen en Jesús. Él es suficiente para suplir nuestras necesidades por pequeñas o grandes que estas sean.

Hemos escuchado constantemente, y algunas veces vulgar y brutalmente, la siguiente exhortación en los programas evangélicos televisivos y radiales y en casi todas las publicaciones cristianas: “Vuestras oraciones y vuestras ofrendas harán posible que este ministerio pueda continuar”. Yo escribo desde una revista que no usa de este derecho. Es un derecho que los que anuncien el evangelio vivan de él (1 Co. 9) y que no vivan miserablemente. Pero usar de este derecho lleva implícito cumplir con los deberes que conlleva: “Dadles vosotros de comer”. 

A raíz de este suceso con mis hermanos me volví a Dios “en oración y ruego” (Dn. 9:3), he hice confesión de mis pecados ¡y de los de ellos!, y busqué en oración el arrepentimiento para recibir el necesario perdón. Eran las 10 y 30 de la noche y mi esposa y yo nos fuimos al patio de mi casa. Doblamos nuestras rodillas y a cielo abierto oramos durante dos horas. Recordé mis lecturas de algunos sermones de Carlos Haddon Spurgeon en DISCURSO A MIS ESTUDIANTES, dirigidas específicamente a futuros pastores, y él, haciendo referencia al predicador galés Knox, citó de este las siguientes palabras: “Me admiro de que un hombre pueda permanecer acostado toda la noche en su lecho sin levantarse a orar”. Knox pedía que Escocia fuera para Dios. Este libro, con prólogo del conocido evangelista Luis Palau, en la página 79 y en voz de Knox cita lo siguiente: “Señor, ¿no nos concederás las almas de nuestros oyentes?”. En la página 81 del libro Spurgeon relata que la esposa de Joseph Alleine contaba de este que: “Cuando disfrutaba de salud se levantaba a las cuatro de la madrugada y oraba hasta las ocho de la mañana, en santa contemplación y en cánticos de Salmos”. ¿Hacen esto hoy los predicadores contemporáneos? ¿Piden por nosotros o piden lo que es de nosotros?

No me avergüenza buscar ayuda de cristianos y piadosos. La necesito. Confieso que no es fácil –en mi medio-  encontrar una iglesia saludable a donde poder asistir; que pocos varones como Job se sientan a las puertas de su ciudad para aconsejar. El sentirme muchas veces solo me ha animado, y ahora una vez más, a buscar en Dios lo que sus representantes, en estos terribles días de apostasía final, no pueden darme ni a mí, ni a nadie. Ni siquiera a ellos mismos.

Recomiendo La Biblia como primera e infalible lectura porque ella es La Palabra de Dios (2 Ti. 3:14-17; He. 4:12; 2 P. 2:19). Recomiendo la lectura del libro DISCURSO A MIS ESTUDIANTES, de aquel gran hombre de Dios que fue Spurgeon. No llegó a los sesenta años de vida, su salud siempre fue precaria, sufría de depresión según lo registran algunos de sus biógrafos. Con todo y eso ha sido llamado el “Príncipe de los Predicadores”. A su muerte, uno de sus críticos profanó su nombre diciendo algo así como: “Murió uno de los últimos maestros de las escuelas oscurantistas”. Hoy los bautistas lo han reivindicado. Murió lejos de ellos pero muy cerca de Dios. En el transcurrir de los años y sin costo alguno, los hermanos de Cursos Bíblicos Eben-ezer, en Holanda, me han hecho llegar este libro y otros tan valiosos como los escritos por el pastor inglés Martyn Lloyd-Jones. Dejo constancia de mi gratitud a ellos, al ya fallecido hermano Martín Alemán y a la hermana Plonie Landman y su esposo Kess.

El 16 de Julio de 2008 escribí lo siguiente en la primera página del libro de Spurgeon después de haberlo leído:

“Señor, yo quisiera ser hombre similar al autor de este libro. Similar a cristianos como Raúl Callejas, Humberto Reyes, Antonio García, todos ya en tu presencia. Y también a Dagoberto Jane, a James Alvino Nelson y a Pedro Hildo Morejón que, aunque viejos, todavía están en el reino de los vivos. Por Jesús nuestro Señor. Amén.” 

Soporta las palabras de exhortación. Dios te ama y yo también. “El que no ama no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Jn. 4:8).

Que Dios nos bendiga a todos. Amén.

7 de septiembre de 2010.

COMPARTE Ps. JAMES NELSON – HOJAS DE ORO

 

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Acerca de crecertacna

Soy un Siervo de Dios . Periodista y profesor consagrado integralmente a la Gran Comisión del Señor Jesús . Este blog y el centro de recursos en 200 Casas f-102, Tacna, estan a disposición de todos.
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